Ceguera
El Evangelio de Marcos se caracteriza por la brevedad de sus relatos o la concisión de las enseñanzas de Jesús. Pero, a veces, algunos textos muestran un genio no menor del de otros evangelistas. La curación del ciego Bartimeo en las lecturas de este domingo (27/10/2024) es un buen ejemplo de ello. Es el último milagro de Jesús antes de entrar en Jerusalén y afrontar el proceso que le llevará a la muerte. Con ella se cierra un arco de curaciones que había empezado con la de la suegra de Pedro, cuya fiebre desaparece al sentir, al ser tocada por Jesús, que un raudal de energía la traspasaba. El relato de Bartimeo puede ser entendido como la antesala de la pasión. A pesar de sus numerosas curaciones y enseñanzas, la multitud sigue estando ciega respecto a lo que Jesús está realizando en medio de ellos.
Este mismo significado simbólico es el tema central de una de las obras más conocidas de José Saramago (Portugal, 1922-2010), El Ensayo sobre la ceguera, en la que narra los efectos de una ceguera súbita y contagiosa que golpea a gran parte de la población. Este suceso provoca el colapso social, donde las instituciones, la ética y la moralidad se desmoronan rápidamente, y el caos reina en medio del miedo y la desesperación. Es una alegoría que explora la fragilidad de la civilización humana cuando se enfrenta a una catástrofe imprevista, imagen quizás hoy de incesantes conflictos y cambios tecnológicos y sociales, a los que asistimos como espectadores o colaboradores inconscientes.
El relato es de fácil comprensión. Un ciego efectivamente no puede ver lo que sucede a su alrededor, pero ¿qué significado tiene como alegoría de nuestra sociedad?, ¿puede ser nuestra sociedad hiper informada y saturada de imágenes un símbolo de la ceguera? No es sorprendente que, a pesar de ser ateo, Saramago acabe dando una respuesta profundamente evangélica. Para evitar contagios, los ciegos han sido confinados, pero una persona se ha librado de la enfermedad. Es la mujer del médico, otro símbolo, en este caso de la empatía y la compasión humanas, que se apoyan, pero van más allá, en la ciencia y el conocimiento que representa su marido, el médico, también víctima de la enfermedad.
Se descubre así la naturaleza profunda de la ceguera. Se trata de nuestra incapacidad para reconocernos como seres humanos a partir del momento en que nuestras comodidades, intereses o nuestra seguridad son amenazados. Ayer mismo (25/10/2024), un artículo, sobre la ferocidad de los combates en la Franja de Gaza y su efecto sobre la población civil, publicado en uno de los diarios económicos más importantes del mundo, el Wall Street Journal, despertaba una cascada de reacciones que me sorprendía. La gran mayoría de los lectores parecía insensible ante tanta destrucción al atribuir una responsabilidad colectiva a toda la población palestina por la matanza que Hamás realizó el pasado 7 de octubre de 2023. El problema es que, ampliando la mirada, somos responsables de siglos de dominio y, más recientemente, de la explotación voraz de los recursos naturales del planeta. Pero, ¿justifican estas acciones que mañana alguien pueda matarnos, destruir nuestras casas y nuestro modo de vida sin sentir la más mínima compasión?
En la novela de Saramago, en lo peor de la degradación, la enfermedad desaparece como llegó, de repente. Se abre la esperanza, pero también las dudas sobre si realmente los seres humanos habrán aprendido algo de la ordalía. Es una antesala de la COVID-19. El Evangelio no contiene menos esperanza, pero sabe que el mal nunca desaparece de repente, sino por el compromiso de algunos hombres y mujeres justos, dispuestos incluso a entregar su vida. ¿Te gustaría formar parte de ellos?
Os recuerdo el retiro que hemos lanzado los días 14 al 19 de enero de 2025. En el Castillo de Javier (Navarra). Si queréis más información, escribid a retreatradical@gmail.com.
El Lazarillo de Tormes, detalle
Luis Santamaría y Pizarro, hacia 1887
©Museo Nacional del Prado
Para reflexionar:
1. ¿Con qué personaje del texto evangélico me identifico más: Jesús, el ciego, la multitud?
2. ¿Echas en falta una mirada más profunda sobre la vida y lo que te rodea?
3. ¿Echas de menos en situaciones de riesgo o dificultad haber tenido una mirada más compasiva?



Cada vez son más las personas que viven como si Dios no existiera y , en muchos casos, sus afanes van encaminados a difuminar y, si es posible, hacer desaparecer cualquier rasgo o señal que hable de la trascendencia o que nos recuerde nuestra vinculación a la fe. Entretanto, se va imponiendo un marco de pensamiento único que ahoga cualquier disidencia y relega a la muerte civil a quien ose apartarse de las consignas que se repiten por todos los medios a su alcance. A pesar de ello, siempre hay Bartimeos que , armados de audacia y genio particular, sobrepasan la línea férrea de las periferias en las que están confinados y desafían los obstáculos, convencidos de su obrar.
Tienen plena consciencia de de la pobreza de espíritu y van a la búsqueda de la luz que salva: el encuentro con Cristo, quien todo lo transforma y alumbra el camino: Y San Agustín lo expresa de manera muy enfática, en el sermón 88: " Que todo vuestro trabajo en la vida, sea sanar los ojos del corazón para que podáis ver a Cristo ". De hecho, todos estamos llamados a ser Bartimeos para que con decisión, firmeza, dar el salto desde la periferia del camino y rogar al Señor la Gracia. Pues en esto consiste el cristianismo, en el encuentro personal con Cristo, como afirmaba el Papa Benedicto XVI. Y no otra alternativa a la tiniebla de la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, ante el avance del mal que la luz; de lo contrario la banalidad ante el mal hará que miremos a otro lado cuando se nos cruze en el camino cualquier persona implorando ayuda,; así se explica que la respuesta ante los conflictos, la vida, la dignidad inviolable del ser humano adopte en muchos casos las vestiduras de la apatía.
En la carta a Efesios ( 1,15-2 ), San Pablo se expresasen estos términos: ".... que el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis la esperanza a la que os llama ....". Pues ya se sabe: de lo que abunda el corazón habla la boca ....